Colombia y Venezuela en alerta ya que el cóndor de los Andes podría desaparecer.
- Ramiro Parias
- hace 14 minutos
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Censos recientes advierten que en Colombia sobreviven al menos 63 cóndores andinos y que en el norte de Sudamérica quedarían menos de 340 individuos.
Expertos alertan que, sin acciones urgentes basadas en ciencia y políticas públicas, la especie enfrenta un riesgo crítico.
Bogotá. El cóndor de los Andes (Vultur gryphus), símbolo nacional de Colombia y una de las aves más emblemáticas de América Latina, enfrenta hoy un riesgo crítico de desaparición en amplias zonas del norte de Sudamérica, incluyendo Colombia y Venezuela, donde su población se mantiene en niveles extremadamente frágiles.
De acuerdo con el primer Censo Nacional de Cóndor Andino, en Colombia se registran al menos 63 individuos. A escala continental, la situación es igualmente preocupante: la población global no superaría los 6.700 individuos maduros, mientras que en el norte de Sudamérica —Ecuador, Colombia y Venezuela— podrían quedar menos de 340, lo que sitúa a la especie en una condición de alta vulnerabilidad.
El declive del cóndor va más allá de lo simbólico. Aunque suele asociarse erróneamente con la caza, se trata de una especie principalmente carroñera, fundamental para los ecosistemas de montaña, ya que elimina restos orgánicos y contribuye a reducir riesgos sanitarios. Su desaparición altera procesos que conectan biodiversidad, ganadería, salud pública y equilibrio ambiental.
La especie también concentra un profundo valor cultural. En Colombia es un emblema patrio; para los pueblos andinos, un animal sagrado y mensajero; y en Venezuela, donde fue declarado extinto en 1965, su historia se ha convertido en una advertencia sobre la dificultad de recuperar especies una vez desaparecen.
Las principales amenazas que enfrenta el cóndor están asociadas a actividades humanas: envenenamiento, disparos, contaminación por plomo, electrocuciones y colisiones con infraestructura. El impacto de estas presiones se agrava por su lenta tasa reproductiva, ya que una pareja puede criar solo un pichón cada dos o tres años, lo que hace que cualquier aumento en la mortalidad tenga efectos a largo plazo.
Frente a este panorama, la bióloga venezolana E. Emperatriz Gamero, fellow (científica) del Smithsonian Conservation Biology Institute, advierte que el futuro del cóndor depende de integrar ciencia, comunidades y políticas públicas basadas en evidencia. Su trabajo se ha centrado en el uso de genética y genómica aplicada a la conservación, herramientas clave para tomar decisiones incluso cuando las poblaciones son muy reducidas.
“Salvar una especie no es solo evitar una muerte, sino sostener una red de relaciones ecológicas y culturales”, señala Gamero.
Desde su experiencia, la investigadora identifica cuatro acciones prioritarias para Colombia. La primera es reducir la mortalidad prevenible, mediante el control y sanción del uso de venenos en el campo y la disminución del conflicto entre humanos y fauna a través de educación y acuerdos con comunidades rurales.
La segunda es proteger los sitios críticos de la especie —dormideros, nidos y corredores de vuelo— y gestionar la infraestructura para disminuir colisiones y electrocuciones. La tercera acción apunta a fortalecer el monitoreo con ciencia moderna, incorporando genética de la conservación para evaluar diversidad, parentesco y riesgos de endogamia, información clave para orientar rescates, liberaciones o programas de reproducción.
Finalmente, Gamero subraya la importancia de recuperar el relato cultural del cóndor. “El cóndor no se salva solo con vigilancia, sino con orgullo y corresponsabilidad social. En Colombia, donde es símbolo nacional, la conservación debe asumirse como un proyecto de país”, afirma.
Colombia, uno de los países más biodiversos del mundo, enfrenta en el cóndor una prueba decisiva. La pérdida de su ave más emblemática abriría una pregunta mayor sobre el futuro de muchas otras especies menos visibles, pero igualmente esenciales para los ecosistemas.
“La extinción no es inevitable. En muchos casos es el resultado de decisiones humanas, y por eso también puede revertirse con decisiones humanas”, concluye Gamero.




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